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jueves, 15 de agosto de 2013

El arte de las señoras de la 3ª edad, Ai Weiwei y La Estraza. EL CLUB EXPRESS, 20/mayo/2013, Antonio García Villarán.

Buenas Tardes


Una colaboración de Antonio García Villarán para ElClubExpress

“Contra toda opinión, no son los pintores sino los espectadores quienes hacen los cuadros”

Marcel Duchamp

Pues no. Resulta que no son los niños los más creativos en cuanto a arte se refiere. Resultan ser las señoras de edad avanzada, o de la tercera edad, tal y como se dice ahora. Y lo hacen con una técnica oriental, basada en los parámetros de la filosofía de Shivá; la destrucción como construcción, necesaria para la renovación y la creación de lo nuevo. Hace unos días saltaba la noticia de que una señora mayor tropezó delante de la instalación de Ai Weiwei compuesta por 96 jarrones de porcelana cuyo título es Ghost Gu Coming Down the Mountain -El fantasma Gu bajando la montaña- y se cayó encima de uno de ellos haciéndolo añicos. He podido leer en la prensa algunas declaraciones que dicen que “Han pasado 500.000 niños por ahí y no ha pasado nada”. Y es que estamos anulando la capacidad creativa de los más jóvenes con tanta alienación. Ya no digo nada de los que estamos completamente domados por el sistema. Nosotros, los adultos, somos muy respetuosos con todo. No tocamos nada por miedo a represalias, o por simple comodidad. Pero como hizo en su día la ya famosa “restauradora” Cecilia, una octogenaria que ha conseguido reabrir el debate mundial del arte con su intervención postmoderna en el Ecce Homo de Borja, otra señora ha conseguido participar en la obra de Ai Weiwei transformándola. Ya no son 96 sino 95 los jarrones que se exhiben en el Monasterio de la Cartuja. Ai Weiwei propuso al museo dos opciones; exhibir la instalación con la vasija dañada o hacerlo con ésta retirada. Indudablemente la obra ya es otra, y quizás deberían permitir poner el nombre de esta señora junto al de Ai Wei Wei como coautora. Esto no es nada nuevo. Una de las más conocidas y aplaudidas obras de Duchamp, El Gran Vidrio, está roto debido a un accidente ocurrido mientras era transportado para una exposición, y hoy día no lo concebimos sin el dibujo que producen sus bonitas y brillantes fisuras.



Los objetos estimulan, pero la verdadera magia sentimental crece en cada uno de nosotros


En última instancia es el espectador el que hace la obra de arte. Y no sólo hacemos obras de arte en nuestra mente, también creamos o nos creemos enamorados, o experimentamos toda clase de sentimientos que nada tienen que ver con los objetos o las personas con los que se asocian. Los objetos estimulan, pero la verdadera magia sentimental crece en cada uno de nosotros. Lo mismo ocurre cuando entras en uno de esos templos barrocos del Rock a pie de calle, como es el Bar La Estraza. Allí se dan cita personajes que parecen sacados directamente de la coctelera de Elvis Presley. Unido al mítico grupo sevillano Los Sentíos, este lugar parece un mosaico rococó de artistas de toda índole. Sus paredes están llenas de imágenes enmarcadas con cañas distintas que portan los retratos de personajes que aparentemente nada tienen que ver como nuestro estimado Chanquete, el poeta Miguel Hernández, el ladronzuelo cañí conocido como “El Lute” o la gran escultora Camile Claudel. Un millar de ojos nos miran mientras disfrutamos de buena música y empuñamos nuestra copa. Todo lo que encontramos en la Estraza nos sumerge en un ambiente retro y Rockabilly. Desde la tapicería de leopardo de sus banquetas altas a las distintas tipografías de las muchas pizarras que decoran el local; desde los toneles pintados o el peculiar forrado de páginas de revistas porno de la segunda mitad del siglo XX de los servicios hasta la estética de cocineros, camareras y clientes. Tiene la Estraza una parte baja y una alta, como en los cuadros del Museo de Bellas Artes donde se representa abajo la tierra y encima el cielo. Pensé por un momento que en la parte de abajo están los retratos de los personajes más mundanos, y en la de arriba los artistas que han aportado algo importante al mundo, aunque analizando bien el entorno y tras observar un magnífico cartel de El jinete pálido de Clint Eastwood a mi espalda, compruebo entre sorbo y sorbo de café que este lugar es un reflejo social del momento actual, donde todo se confunde en una suerte de capricho travieso que nos acerca de igual modo la figura de Francis Bacon a la de “El Fari” de una manera natural. Todo un mundo lleno de ocurrencias divertidas como las que se leen en las múltiples pizarras esparcidas por las paredes del lugar donde podemos salivar con tapas como “Chorizito Criollo In Hell”, “Costillitas al Jack Daniels” o “Panes a la Jabata” entre otras muchas. No estaría mal poder invitar a un café a Cecilia y su nueva compatriota, a Ai Weiwei y a Duchamp para hablar de lo divino y lo humano. Seguro que nos daban las tantas y acabábamos de copas a las tantas de la mañana.


Antonio García Villarán

Sevilla, mayo 2013

ANTERIORES ENTREGAS DE BUENAS TARDES:
Buenas tardes, ¿café?
18/04/2013

Buenas Tardes | Una colaboración de Antonio García Villarán para ElClubExpress

Buenas Tardes | Una colaboración de Antonio García Villarán para ElClubExpress
“Tan pronto como el café llega a su estómago, sobreviene una conmoción general. Las ideas empiezan a moverse, las sonrisas emergen y el papel se llena. El café es su aliado y escribir deja de ser una lucha”.
Honoré de Balzac
Buenas tardes. Desde hoy y hasta que dure te invito a sentarte conmigo, café mediante, para hablar de cosas importantes y de otras que no lo son tanto. Los placeres que podemos permitirnos no tienen que ser ni muy caros ni muy difíciles de conseguir. Todo es cuestión de conocimiento y sensibilidad. A mí me gusta mucho, por ejemplo, tomar un buen café en una cafetería mientras juego con mis pensamientos, moldeo mis opiniones y doy forma a los argumentos que luego pondré en práctica a lo largo del día. También me apasiona dibujar en la libreta que llevo siempre encima. Voy trazando líneas que construyen realidades inventadas que suelo manchar con el mismo café que estoy tomando. Por cierto, suelo pedir cortado.
En los bares ocurren historias de todo tipo. ¿Quién no ha cerrado un negocio tomándose una copa? ¿Quién no ha arreglado el mundo alguna vez, o ha recibido el consejo adecuado para salir del agujero? ¿Quién no se ha enamorado en una cafetería? ¿Por qué los camareros y camareras tienen ese aura mágica detrás de la barra, y cuando salen se convierten en otras personas? No dejan de ser lugares de encuentros y desencuentros, universos moldeables donde pueden darse todo tipo de situaciones vitales.
Cada cafetería tiene su personalidad, y atraen cada una a los de su especie. Podríamos decir que gracias a su “traje” y a su manera de entender a los clientes, se llenan de una raza urbana o de otra. Es tan curiosa la vida de un bar que incluso cambiando la persona que dirige el barco, aun siendo el mismo espacio, la misma decoración y el mismo lugar donde se encuentra ubicado, ha gozado del beneplácito del público, o bien ha caído en el olvido hasta llegar a su desoladora muerte.

Detalle de los cuadernos
Las cafeterías nacieron en Estambul en el siglo XVI, y se convirtieron en auténticos oasis para los hombres turcos que lograban escapar del mundo real en aquellos establecimientos. Cuenta la historia que no llegaron hasta Europa hasta el siglo XVII, y que fue en parís donde gozaron de mejor salud. Allí se reunían filósofos, poetas y artistas de todo tipo. Fue en las cafeterías donde se plantaban las semillas del nuevo siglo, donde se intercambiaban las ideas que harían evolucionar al ser humano. No en vano frecuentaban estos espacios personajes tan importantes para comprendernos hoy día como fueron Voltaire, Picasso, Balzac, Diderot, Van Gogh y un sin fin de sujetos que encontraban en estos lugares un refugio de libertad para sus ideas y sus obras. En el Café Voltaire de París se fundó el dadaísmo, en el Café Gijón de Madrid se dieron las tertulias literarias que arrojarían luz a la oscura cultura española del XIX, fue en el café A Brasileira de Lisboa donde Pessoa inventó sus heterónimos y es allí donde ahora sigue presente encarnado en bronce, mirando pasar a turistas y más turistas como el que ve llover. Incluso existen grandes empresas internacionales como Starbucks con sus más de 5000 cafeterías en todo el mundo que ha conseguido convertir este espacio en lo contrario de lo que era cuando fue concebido. El café de estos establecimientos se compra a precio de oro, y no creo que ninguno de estos espacios sea buen lugar para hacer planes de, por ejemplo, cambiar el mundo. En este caso estamos ante un lugar de tránsito más, eso sí, tránsito de lujo.
En este espacio que me brinda ElClubExpress me dedicaré a visitar cafeterías de la ciudad en la que vivo, y también por las que viajo. Mientras tomo mi acostumbrado cortado realizaré algún dibujo y pondré en marcha mi cabeza para haceros llegar los pensamientos que me atormentan o me entusiasman. Posiblemente invitaré a veces a algún amigo o amiga a tomar café conmigo. Os contaré mis impresiones sobre la cafetería, sobre los pequeños detalles que tanto me gustan y que tanta importancia creo que tienen en la vida cotidiana. Hablaré de temas universales, de literatura, de arte, de todo a la vez y de nada en concreto. Prometo mantener este espacio como un universo de libertad donde poder expresarme para daros lo mejor que puedo ofreceros.
Os espero pronto. Buenas tardes.
Antonio García Villarán
Sevilla, abril 2013
VER ÁLBUM CON TODOS LOS DIBUJOS
Fuente: EL CLUB EXPRESS