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miércoles, 22 de mayo de 2013

Las Ferias del Libro o el libro como fiesta de la vida. El Club Express, 21/mayo/2013

Recomendaciones de la Crítica Curva para ElClubExpress | Reflexiones sobre el placer de leer

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ALGO NO HEMOS HECHO BIEN
Cada vez son menos las casetas que pueblan esta ciudad intermitente que es la Feria del Libro. A los que encontramos en la lectura y la escritura nuestra razón de vida, debería preocuparnos. ¿Acaso no hemos sabido insuflar nuestro entusiasmo a los primeros lectores? ¿Usamos quizás técnicas erróneas de iniciación a la lectura? Con lo útiles y lo bellos que son los libros, ¿Cómo es que las Ferias de Libros no se convierten en nuevas ciudades efímeras tan grandes como las que habitamos?
(***)
NO ES VERDAD QUE SE LEA MENOS
Si cogemos distancia y vemos la realidad de manera pragmática, hoy por hoy leemos más que nunca. Cada vez que acercamos nuestra nariz al móvil cuando no es para hablar o responder una llamada, es para leer un mensaje de Whatsapp o SMS o para responderlo. ¿No es esto acaso escribir y leer? Cada vez que abrimos el ordenador estamos leyendo. Cuando vemos la bandada de anuncios que nos cubren por las calles y que escupe la televisión, leemos. Si nos paramos por un instante y miramos a nuestro alrededor comprobaremos que las palabras sobrevuelan nuestros ojos en forma de manuscritos, facturas, folletos, recetas de cocina y demás entes cotidianos. Aun así parece haber cierto recelo con los libros. ¡Con lo que nos han dado los libros! Y su particular fiesta anual que es la Feria del Libro este año ha contado con un menor número de casetas. Aunque podemos estar de enhorabuena. Más afluencia y más ventas. Al menos diremos que hemos conseguido subir un peldaño. Pero nos asaltan las preguntas: ¿Por qué ha tenido esta Feria del Libro de Sevilla mejores ventas que el año pasado? ¿Por qué más visitantes? ¿No es verdad que estamos en plena recesión económica? Pero, ¿Acaso tiene algo que ver la economía con el pensamiento? Indudablemente buscamos respuestas, y no sólo ahora. Cuando somos niños preguntamos por todo. La adolescencia es una vorágine de preguntas y réplicas conseguidas a través del ensayo/error, y ahora buscamos la salida a esta crisis moral y humanista a través de los libros. Quizás sea eso, la desesperación que lleva al ser humano hacia el último recurso. Quizás esta crisis ponga al libro de nuevo en su lugar.
(**)
HACER UN LIBRO ES HOY MUY FÁCIL
Hemos conseguido reproducir, encuadernar y distribuir contenidos con costes mínimos y en tiempo récord. Y si hablamos del libro electrónico, la creación y distribución se produce de manera exponencial y llega a todos los rincones del planeta. Algunos amantes del libro ven un peligro en este nuevo soporte, pero no tiene más que virtudes. Y una de ellas es el hecho de la reinvención de un sector que estaba produciendo libros en papel como ricas rosquillas de humo. Afortunadamente el ser humano siempre ha sabido adaptarse al medio. Somos supervivientes. Cosas peores hemos pugnado. Y una de las salidas que los amantes del libro han encontrado y aplaudido es la creación y difusión de los llamados “Libros de Artista” o “Libros Objeto”. Nada nuevo bajo el sol, pero sí una forma de entender el libro de manera artística aportando el valor de lo único o exclusivo. Un fértil campo de experimentación que nos está dejando joyas maravillosas y que está empezando a tener sus propias Ferias, como son MASQUELIBROS y la Feria Editorial Independiente Libros Mutantes en Madrid, ART LIBRIS y HUMAN BOOK en Barcelona o LAEE, FERIA DEL LIBRO DE ARTISTA Y EDICIONES EXTRAÑAS que verá la luz el próximo 13 de mayo en Sevilla.
(*)
¡OH, LIBROS MÍOS!
¡No temo exagerar si os digo que toda la luz de mi vida os la debo a vosotros! Y es que en verdad no hay luz más allá de la que vosotros emanáis. Pues yo Libro soy y al Libro adoro, y en él creo y a él solo amo. ¡De cuántas cárceles y cuevas oscuras me habéis socorrido! ¡De cuántos castizos prejuicios inapetentes me habéis librado! ¡Y que seáis más vida que la vida misma! ¡Y que seáis el único alimento para concebir a mis hijos! ¡Y que bajo vuestro nombre todas mis horas queden subyugadas con tanto deleite! No puedo más que admitir que solo he amado honestamente a quienes revelaban un espíritu esencialmente heroico, aquella indomable grandeza que sellan inmortalmente cuatro gigantes, que una vez fueran llamados Homero y Shakespeare y Goethe y Cervantes, nuestro Cervantes. Ni tampoco podré borrar a quienes me insuflaron tal adoración, mis maestros. Recuerdo cómo clamaban, imitando los sabios signos que articulara Kant, el “¡atrévete a saber!” ilustrado, con la firmeza de quienes empuñan una espada y la enarbolan al cielo de la Verdad. Sin duda, hay hombres que dicen llamarse escritores en quienes se encarna Hermes, aquel mensajero y “jefe de los sueños” en palabras de Homero, que se ocupaba de trasladar la materia deleitable a las almas moribundas. No puedo más que admitir, en fin, que solo he amado a todos cuantos no se instalan en la existencia, sino que trasiegan vivaces con la insondable duda que esbozara Heidegger: “¿Por qué hay algo en vez de no haber nada?” Y pasar así por la vida, de la cuna a la tumba ora el libro, ora el libro; y hablar con el estoicismo de Siddharta, la ausente mediocridad de Don Quijote, el brío del joven Aquiles, el anhelo vehemente de justicia del mítico rey ciego de Tebas, y la insondable ambigüedad que procurara Mefistófeles en sus discursos lascivos a Fausto. Y querer ser dueño de un mundo como Dios en la Biblia, y sentir las gélidas aguas que embebieron a Virginia y a Ofelia y a Luis Alejandro y a Gulliver; y a veces seguir el sugestivo viaje de Dean Moriarty para vender el alma al diablo por una gota de olor a goce eterno. ¡Oh, el goce! Érase una vez la mujer fiel, la Penélope que esperaba incansable el regreso de su amado Ulises a la tierra de Ítaca. Érase una vez las mujeres supercheras y dueñas del alma humana, que burlaban a la Muerte gracias a sus ardides y a las que pusieran por nombres Sherezade y Celestina. Y érase una vez, por fin, las mujeres nacidas para ser amadas, y que por ser tantas, solo mencionaré a la dulce Teresa. Pero hay mucho más en los libros: leer a Byron, no ya sobre la tumba de algún desconocido como él solía hacer, sino en el verde jardín, en esas modernas Arcadias felices, y sentir que no hay nada más voluptuoso mientras libas el suave néctar de unas fresas. ¡Y que mi pena de amor haya podido ser domada al conocer el dolor inconmensurable de Fortunata! ¡Oh, libros míos que alimentáis el pecado original! ¡Cuántos universos totales me habéis dado a luz! ¡Y cómo habéis ensalzado a las obras de arte protegiéndolas del extravío! Si Yahveh me castigara por haber comido de aquel árbol, yo le rezaría a Dante. Y confieso que del Carpe diem solo supe vivir para leerlo. Y que he soñado con escribir en el castillo del rey loco, a la manera en que lo hicieran Lamartine y Dumas. Pero que nos libren de la espontaneidad, aquel mal bufón que habita no pocos libros que no sobrevivirían al escrutinio incendiario y custodio del pensamiento, porque alimentan la charlatanería de modo semejante a las modernas circes televisivas, consumiendo páginas y páginas sin ni siquiera avistar la gruta de la sustancia impenetrable. Sin embargo, los grandes libros moran cabizbajos en los estantes, porque carecen de selectas alcahuetas. Se celebran ferias para incorporarlos al mercado, pero desde una elocuencia empobrecida y una estética comunista. La feria, si la miramos con ojos de demiurgo, debería tener como la más excelsa de sus aspiraciones crear espacios sublimes para enaltecer a los libros, donde todos los paseantes quieran quedarse, porque son lugares acogedores, cómodos y agradables, donde los libros se sitúan en pedestales venerables. ¡Ojalá el dulce espíritu de Oscar Wilde hallara su tribuna en las ferias!: “La belleza es la única cosa a la que el tiempo no puede ocasionar daño alguno. Las filosofías se dispersan como la arena, y las creencias se persiguen unas a otras como las hojas marchitas de otoño; pero lo que es bello constituye un gozo en toda estación y una posesión por toda la eternidad.” Y si bien se entendiera, el libro debería ser elevado a objeto cuyo deseo de posesión sería alimentado por aquello de que no se aposentará el reino del dolor donde habita la belleza. Y si bien se recogiera esta máxima, el autor se dedicaría a difundir su arrebatadora personalidad y convencer a los espectadores de que serán sumergidos a un éxtasis continuo de gnoseología y deleite, de locura y lucidez, donde la indiferencia quedara maltrecha y olvidada gracias a que el alma del insigne alemán del eterno retorno poseería a todos los espectadores: “¡Enviadme delirios, convulsiones, horas de claridad y de oscuridad repentinas; espantadme con estremecimientos y ardores que no hayan experimentado jamás mortal alguno […]! Y sin embargo, aunque fuese verdad aquella algarabía de que todo está escrito, bien como dicen los aficionados a la astrología de tono superchero, bien como lo hacen los discípulos del canon, ¿acaso no será una tarea complaciente para la ambiciosa mente humana el competir con Shakespeare al expresar el amor, y aún más superarlo? ¡Oh, libros míos! Podréis cambiar vuestra máscara, como auguran los nuevos tiempos, pero os pasearéis entre leones coronando de rosas vuestras inmortales cabezas sapienciales.

lunes, 1 de abril de 2013

POR QUÉ ¿POR QUÉ? ¡POR QUÉ! REFLEXIONES SOBRE LA OBRA DE ARTURO COMAS

Arturo-Comas
Recomendaciones de la Crítica Curva para ElClubExpress | Reflexiones sobre Arturo Comas
¿Por qué la gente no sonríe en el metro, pero sí en una fiesta? ¿Por qué no saludamos acariciándonos los ojos en lugar de estrechándonos las manos? ¿Por qué en un museo nos posicionamos a observar la pintura en lugar de contemplar a la persona que ha venido a la pinacoteca a disfrutar de las obras? ¿Por qué no hacer monedas triangulares? La obra del artista Arturo Comas crea un efecto de asombro y extrañamiento que nos hace sentir como el provinciano que por primera vez sale de su pueblo y se lanza a viajar y descubrir el mundo. Nos invita a relacionarnos de una manera nueva con la realidad, reparando en cómo lo normal también es extraño, porque lo convencional es solo la carta elegida. No nos damos cuenta de todas las posibilidades, porque nos obsesionamos por una sola, porque nos acecha la peste negra de la uniformidad y la moral de rebaño, del pensamiento unidireccional, la rectitud y la opción correcta, de lo absurdo de la realidad.
La obra de Arturo Comas nos invita a descubrir la flexibilidad de la realidad, soplar el polvo de la tradición, darle la vuelta al mundo en ochenta puntos de vista. Nos hace jugar y experimentar con la vida, como un hombre-niño que desde la inocencia observa sin la venda del hábito social, intuyendo otras dimensiones, examinando qué hay del otro lado de los hábitos, consiguiendo engañar la asentada costumbre. Comas es un juglar del anticonvencionalismo, un artista del jazz visual en una era digital donde la preponderancia de la imagen nos ha conducido al veo, ergo existo. Es un visionario de los recónditos secretos de la realidad desde una posición de esteta; es también un mago ingenioso de la imagen que nos ayuda a quitarnos la manta de la tradición, a sacudir la normalidad, a zarandear la verdad y a nosotros mismos, sin dejarnos indiferentes. Las imágenes que nos propone el autor son a su vez un reflejo narcisista del yo imperante en la nueva sociedad en la que nos desenvolvemos. Aunque la efigie que observamos es siempre la de su rostro inexpresivo, realmente estamos mirándonos a nosotros mismos. Se trata de un espejo que nos hace reflexionar sobre el individualismo absurdo que nos encierra cada vez más en nuestro mundo virtual.

Muestra del trabajo de Arturo Comas
Las redes sociales y la cultura de la imagen no escapan a esta crítica que nos propone el artista, siendo él mismo el objeto de admiración o de burla. Se trata de una obra que da la mano al mundo contemporáneo, siendo además la antítesis del mismo. Ante el apabullante movimiento de información, frente a las nuevas tecnologías, junto a la alta velocidad y al frenetismo del día a día, Arturo Comas nos muestra la poesía de la quietud. Nos muestra al ser humano como un objeto inerte, como una “cosidad” que se une al paisaje, como una columna romana que pasa desapercibida. Sitúa ante nosotros a un hombre que vive en un mundo blanco, inerte, oxigenado. Sólo existe él. En cierto modo nos incita a frenar para que podamos observar el mundo desde fuera. ¿Es una acción zen? ¿O acaso se trata de una performance sin sentido? No lo sabemos. Mientras, el humor recorre cada fotografía inevitablemente, fruto precisamente del choque que nos produce ver algo que no es lo que debería ser. Te abre a cuestionarlo todo, a pensar críticamente, a descubrir nuevas sensaciones distanciándonos de emociones capitalistas al uso, exigiendo la presencia de un receptor activo. Es una puerta abierta hacia un mundo que, siendo el mismo, se nos antoja distinto. No lo recto y rígido, sino lo curvo, trayéndonos a la memoria el poema de Jesús Lizano. No los anquilosados prejuicios, sino una mente abierta y tolerante. Tras esta obra, se ve la estela de una larga tradición de artistas vanguardistas: El Surrealismo de Buñuel, Fellini, Lynch o Jean-Pierre Jeunet; el Dadaísmo de Duchamp, Tzara o Apollinaire; el humor absurdo de Faemino y Cansado o los Monty Phyton; la indagación sobre la realidad inventada e imposible de Magritte; el extrañamiento hacia objetos cotidianos presentes en las Instrucciones para subir una escalera, para dar cuerda a un reloj o para llorar de Julio Cortázar, e incluso la Metamorfosis kafkiana. Detrás de ese presunto absurdo, del engaño de la conducta extravagante y disparatada, se haya un claro racionalismo que indaga sobre cuestiones fundamentales: ¿Qué es lo bello? ¿Qué es lo normal? ¿Qué es verdad y qué no? ¿Qué matemática determina el canon? ¿Qué es arte?
Pero la obra de Arturo Comas tiene vida más allá de la exposición que podemos ver hasta el 6 de abril en la galería La Cajita (El Arsenal), dentro de la sección de la XIII Bienal Internacional de Fotografía de Córdoba. Sus Autorretratos se están propagando como una plaga feliz en una de las principales redes sociales que hoy se nos muestra como cardinal para unos y otros. La idea de la alienación a través de retratos absurdos ha llevado a este artista a realizar una acción cuyo rastro puede verse en Facebook. Cada vez son más los que tienen como foto de perfil una de las obras de Comas. Estas imágenes son clonaciones formales individualizadas. En una red social en la que prima la singularidad, la personalidad y la noticia encontramos esta incursión artística que deja estampas insólitas en las que visualizamos un conjunto de comentarios cuyos autores están en la misma posición, con el mismo encuadre y portando algún elemento socialmente absurdo en su rostro inexpresivo. Una suerte de esculturas extraterrestres o de secta plástica que nos hace reflexionar sobre el individuo y su posición en el mundo.
Texto: Claudia Ruiz Cívico y Antonio García Villarán
Una colaboración de La Crítica Curva para ElClubExpress
Para más información: www.arturocomas.com
Publicado en EL CLUB EXPRESS.

lunes, 11 de marzo de 2013

TOC, TOC. LA IMAGEN POSIBLE E IMPROBABLE. Crítica a la obra de Claudia Quade Frau

Tic tac, toc toc. El reloj se detiene. ¿Y Claudia? ¿Dónde se encuentra Claudia? ¿!Claudia?¡ Claudia ha atravesado el espejo. Claudia retorna de su ida al país de las maravillas y porta una cesta colmada de fotografías con la inmensidad de su universo: un bagaje de ficciones y realidades. Os ha invitado a todos a acercaros con ojo de cíclope y atención de sabio a observar cada una de sus obras. ¿Pero Claudia? ¿Dónde está ese lugar? ¡Queremos ir también! A lo que nos contestó: - Aquí. Señalando un fragmento de su piel. La artista Claudia Frau ha ideado un mundo insólito, donde como si de los viajes de Gulliver se tratase, barcos de papel de dimensiones humanas navegan con ímpetu entre las olas con anhelo de llegar a la Tierra de, donde el moteado de una dulce vaca refleja las existencias de aquellas personas con las que querría encontrarse cara a cara, donde el ayer y el hoy bailan tango con las piernas entrelazadas, pero sin pisarse. Claudia Frau es una sirena que con su canto visual atrae a la dimensión humana la onírica, aquella donde se entremezclan cosmos que jamás encontramos unidos. El mundo imaginado que nos propone la artista en su obra no se entendería fuera de su propia historia. Ante una vida que la ha llevado de un continente a otro desde su tierna infancia, ha ido inventándose para entender el mundo. Ante este contraste de experiencias vitales la autora ha decidido crear el suyo propio. Como la Alicia del espejo, los ojos de Frau sobrepasan muros de hormigón con la facilidad con la que un trompo se introduce en un bloque de mantequilla. Nos coloca ante nosotros las imágenes de una realidad a veces metafísica y a veces surrealista. Pero eso sí, llena de contenido y poesía. Porque la poesía visual es el arsenal que Claudia Frau usa para combatir el hastío de esta sociedad extremadamente analítica e inapetente en la que vivimos. La artista hechiza nuestro intelecto mediante la asociación fascinante de dos realidades que no se asocian cotidianamente, metaforizando cada resquicio vital que analizan sus pupilas: es la metamorfosis de lo convencional en lo desconcertante, creando asombro, extrañeza, consternación, engañando al ojo con trampantojos felices. En su obra todo es lo que parece, siempre y cuando partamos de la base de que nada es lo que dice ser. Todo es posible, pero nada es probable. Frau y Freud se convierten en Jano para dar pulsión vital a lo onírico y a lo subconsciente. Porque las cosas cuando pierden su apariencia habitual y somos capaces de verlas desde una óptica inusual, se presentan ante nosotros con una fuerza y un atractivo que nos eleva al límite del pensamiento y lo sentimental, al nivel donde lo humano roza lo sobrehumano, sea cual fuere el significado de este estado, pero siendo sin duda el impulso más arrebatador y apasionado del ser. Así, dentro de Claudia Frau viven grandes autores. Ella forma parte de este nutrido grupo de artistas que, moldeando la realidad como si la existencia material y tangible fuese una pastilla de plastilina, realizan una suerte de arte conceptual cuyos máximos exponentes los encontramos en las greguerías de Gómez de la Serna y en la poesía visual de Joan Brossa, Chema Madoz, Jaume Plensa, Bartolomé Ferrando y Antonio Gómez entre otros. Los cuales, junto a Frau, recogen el testigo de las vanguardias de finales del XIX y principios del XX para regar las raíces del joven XXI con inteligencia, lirismo y sensibilidad plástica. Es fácil imaginar a Buñuel dentro de una de las fotografías de la artista, grabando atónito para uno de sus cortometrajes la bajada de una araña gigantesca cuyo tejido es el espejismo de un cable eléctrico. O a Dalí perplejo observando una aguja que hila las líneas discontinuas de las carreteras por las que habitualmente viajamos buscando placeres: ¡para las que sin duda serían necesarias al menos trece viejecitas hilando! O a Amélie Poulain fotografiando con su Instamatic Kodak una farola que es un tallo de una flor o un tallo que es una farola. Pero también a Gérard Depardieu en Jean de Florette y su necesidad de escapar de la hormigueante urbe y volver al campo en búsqueda de lo autentique. Este es el legado de Claudia Frau, en el que asistimos a sus largas caminatas junto a Chema Madoz, Joan Brossa y Magritte. Los cuatro van cogidos de la mano deslumbrados por las mismas certezas, dialogando a viva voz y haciendo a los asistentes caer rendidos ante la erótica de sus ingenios. Pero la autora advierte a los paseantes de que tengan los ojos bien abiertos, porque en este paseo, bajo la apariencia ilusoria de unas palmeras, se esconden unos colosales elefantes. Todo esto es posible gracias a la calidad de sus imágenes, donde la artista deja constancia de la pureza de la técnica fotográfica para mostrarnos lo imposible hecho realidad. René Magritte pintó paisajes imposibles, Dalí “jirafó” elefantes, Giorgio de Chirico paró el aire en sus obras y Frau fecunda con pura vida nuestros elementos más cotidianos. Sería imposible vivir en un mundo creado por esta joven artista, pero difícil sería intentar subsistir sin él. Y es que Claudia Frau es a la fotografía, lo que Ramón Gómez de la Serna fue a la literatura: si para el creador del greguerismo las pasas son uvas octogenarias, para nuestra poeta visual el cableado de los postes eléctricos son los pentagramas de música que conforman la banda sonora del paisaje. Ya lo dijo Shakespeare, to be or not to be, pero también Alicia en la obra de Lewis Carroll: “¿No comprende usted que yo… no soy yo?”. Las dimensiones se contraen y se expanden, giran sobre sí mismas, los objetos se relativizan, no puedes confiar en nada de lo que ves, no confiéis en el caballo, troyanos, porque las cosas son lo que son y lo que no son, nada es verdad ni mentira, los espejos hacen de la realidad un laberíntico entramado ilusorio de más espejos, donde lo que parecía una cosa es otra o quizás las dos cosas a la vez, donde se comunican mundos aparentemente incomunicados, no empáticos, donde la confusión de lo consciente y lo inconsciente es una joya exquisita. Sus imágenes están llenas de luz y limpieza. Son ideas puras y positivistas, que animan al espectador a zambullirse en un pensamiento ramificado y multiforme. Nada es lo que parece, pero todo es. La realidad ilógica que nos muestran las fotografías de Claudia se nos antojan completamente creíbles. Quizás se encuentren dentro de nosotros, y ella no haya hecho más que sacarlas a flote, más allá del marco. Sus paisajes intervenidos son un instrumento lírico con el que componer carreteras de cielo que nunca se acaban. Sus ciudades son recortables que nos hablan del anhelo y la mentira. Toda una declaración de intenciones expresada desde la dulzura y la poesía. Claudia Frau es una celestina de dimensiones, una emperatriz de todos los reinos de este mundo, jugando con ellos caprichosa y deliciosamente, confiriendo siempre un sentido novedoso. Es también una filósofa cartesiana que abre las puertas de nuestra percepción para reflexionar críticamente y dudar acerca de cuestiones fundamentales del ser. Es la Safo de lo visual, la eterna sirena entre tierras que ella comunica con su canto.


 Claudia Ruiz Cívico y Antonio García Villarán, Málaga y Sevilla, marzo de 2013
Más información en http://www.claudiaquadefrau.com/

lunes, 25 de febrero de 2013

ARCO 2013, el espejo opaco (1/3). El Club Express

25 febrero, 2013
ARCO 2013 (I)
SERIE ARCOMadrid 2013 | 05
Una visita a ARCO 2013 da para mucho, reflexiones sobre la propia feria, sobre el arte y el mundo en el que vivimos. Aquí tenéis la primera parte de un interesante análisis realizado por nuestros colaboradores Claudia Ruiz Cívico y Antonio García Villarán.
Texto: Claudia Ruiz Cívico y Antonio García Villarán

¿Dónde está el entusiasmo que llevó a Wagner a la creación del drama musical? ¿Qué fue de los pedestales? ¿En qué lugar la diligencia sostiene el cetro? ¿Dónde las antiguas ánforas colmadas de esperanza en el futuro? ¿Dónde las pasiones incontroladas de Juana la Loca? ¿En qué callejón perdido mora cabizbajo el superhombre? ¿Quién lo entregará todo por una causa en estos tiempos? La situación contemporánea era magistralmente expresada por el poeta alemán Hölderlin en Hiperión: «¡Ah, pobres de vosotros los que sentís todo esto, los que tampoco gustáis de hablar del destino humano, los que os sentís también cada vez más atrapados por la nada que reina sobre nosotros, fundamentalmente convencidos de que nacemos para nada, de que amamos una nada, creemos en nada, nos esforzamos por nada, para hundimos poco a poco en la nada…! ¿Qué puedo hacer si os flaquean las rodillas cuando pensáis seriamente en ello?»

El arte postmoderno es creado a imagen y semejanza de nuestro tiempo, e igual que Narciso, nuestro arte queda cegado ante la visión de su propio reflejo, en la novedad por la novedad. Se observa que el deseo de innovar se asoma tímido ante la mirada de los espectadores. Sigue apareciendo una retórica de ruptura con los cánones clásicos anteriores a la modernidad, en una búsqueda continua por la creación de nuevos mundos, pero sin la motivación primera que caracterizara las vanguardias. Las vanguardias ya no son las heroínas que vinieron a salvarnos de la tradición, dejando al espectador perplejo. Sin embargo, el arte postmoderno continuador de este legado parece afirmar la necesidad de seguir rompiendo con los convencionalismos, de gozar de lo permanentemente nuevo, mediante la estética de la creatividad, de lo inédito, del furor experimental, de la desvaloración de lo instituido, de la liberación de la imaginación, de lo insólito, de lo no concretado e inacabado, buscando sin treguas inventar nuevos caminos, así como ahondando en los fundamentos originarios del arte.

En una sociedad confusa donde prima la cultura del todo vale, lo que antaño era considerado Arte, hoy se difumina. Todo ello es lo que nos hemos encontrado en ARCOmadrid, la Feria Internacional de Arte Contemporáneo organizada por Ifema que cuenta ya con 32 años de vida y que es la de más prestigio social en el ámbito español. Ante sus 133 galerías extranjeras y en total 201 galerías de 27 países, más de 2.000 artistas se dan cita en Madrid. Esta Feria es visitada cada año por diferentes grupos de personas con criterios desiguales, siendo así que lo que para unos es una obra de arte sin precedentes, para otros puede ser un objeto sin valor aparente, creándose una atmósfera de predominante estupefacción entre los contempladores de las dispares propuestas. Por otra parte, no vamos a considerar el valor económico de las obras, ya que sería adentrarnos en una cuestión independiente a la experiencia estética y sensitiva del arte, y sí vamos a dejarnos llevar por las sensaciones que experimentamos al contemplar esta colosal muestra de obras contemporáneas dispuestas en dos pabellones de Ifema. Así, nuestro compromiso será el de comunicar las ideas y sensaciones experimentadas al recorrer las galerías, nacidas de nuestra disposición hacia que las obras nos hablaran, nos tocaran, nos susurraran. Con los cinco sentidos puestos en la muestra, nos adentramos como auténticos exploradores en una selva frondosa llena de objetos y guardianes de los mismos.

EL INDIVIDUO FRÁGIL

Es reseñable destacar que en términos generales las imágenes que se muestran en las distintas galerías son, o bien obras de artistas consagrados, como es el caso de Picasso, Dalí, Man Ray, Saura, Calder, los pintores abstractos José Guerrero, Tapies, Feito, Luis Gordillo, o bien obras inspiradas en las primeras vanguardias del siglo XX. Por ejemplo, vemos cómo se repiten las fotografías y los cuadros de personas con la cara tapada por un ramo de flores, por un cuadro del revés o por una mancha de pintura. Esta pérdida de la identidad a la que se alude es una revisión del cuadro de René Magritte “La grande guerre”, donde podemos observar a una mujer elegantemente vestida de blanco, con un sombrero, una sombrilla y un ramo de flores lilas que le tapa el rostro.

Así, se trata de un arte donde abunda la representación del ser humano en soledad, preocupado cada vez más en amarse a sí mismo y realizarse como sujeto mediante la expresión de su personalidad y de sus singularidades subjetivas, huyendo del anonimato. El expresarse, el revelar las propias motivaciones y emociones, el sentimiento íntimo, aunque solo le interese al propio emisor. De ahí que sea un arte lúdico y fantasioso, porque lo que trata el sujeto es de disfrutar. De este modo, cobra plena vigencia tanto el hecho de que el creador es el principal receptor de su obra, como la estética de la recepción, por la cual se hace eco la creencia de que el Arte no lo hacen los artistas, sino los observadores. Aunque el creador de un objeto artístico tenga la intención, es el espectador el que otorga en última instancia esta cualidad al objeto creado con intención estética.

Asimismo, en sintonía con la importancia del individualismo, aparecen los compromisos con las minorías, en un deseo de que todos tengan voz y puedan revelar su yo más íntimo. Todo va encaminado a que el individuo tienda a erradicar cualquier forma de dolor y goce cuanto más pueda mejor, aunque solo le valga temporalmente, presenciándose así la ausencia de sentimentalidad en las obras. Hay un desapego emocional por la inestabilidad de las relaciones personales, donde cada vez más se produce una ausencia de compromiso profundo. El ser humano postmoderno, caracterizado por la vulnerabilidad, tiende a vivir solo, a protegerse. Es un individuo frágil que conmovido por la idea del sufrimiento convierte cualquier cosa en un problema, de modo que el simple hecho de vivir le suponga a veces un profundo estado de ansiedad. Tiene miedo a la decepción y a las pasiones descontroladas. De ahí también la presencia de obras que llaman a la liberación sexual, las cuales tienen también la función de levantar barreras contra las emociones, dejando de lado intensidades afectivas. Lo cual conlleva una ruptura con lo social, una extrañeza del otro, incapaces de sentirnos identificados en un mundo que aunque globalizado, las diferencias individuales van in crescendo.

Fuente: CLUB EXPRESS

ARCO 2013, el espejo opaco (2/3). El Club Express

25 febrero, 2013
ARCO 2013 (II)
Una visita a ARCO 2013 da para mucho, reflexiones sobre la propia feria, sobre el arte y el mundo en el que vivimos. Aquí tenéis la segunda parte de un interesante análisis realizado por nuestros colaboradores Claudia Ruiz Cívico y Antonio García Villarán.
Texto: Claudia Ruiz Cívico y Antonio García Villarán

¿QUÉ HA SIDO DE LOS GRANDES TEMAS?

Encontramos que algunos de los grandes temas no se mencionan, están olvidados o no son susceptibles de funcionar en el mercado del arte. Es el caso, por ejemplo, de la religión y el sexo. En otras ocasiones, hemos visto cómo salían en todos los informativos las imágenes de mujeres crucificadas, Papas aplastados por un meteorito o desnudos «indecentes» y «provocativos». Sin embargo, en esta Feria, a excepción de un consolador que a su vez era un envase relleno de cenizas (probablemente de la pareja del usuario/a), o algún vídeo donde el rostro de una joven rubia con estética de los años 60 jugaba con su propia saliva, con una bolita u otros objetos, no encontramos esta provocación. Incluso diríamos que se ha perdido el color. Lo aséptico de la mayoría de las obras nos deja un ARCO que mayoritariamente apuesta por un tipo de estética en escala de grises que baña la mayoría de las obras. A veces nos da la impresión de que se asemeja más a una tienda grande de cuadros del siglo XX, dejando atrás el perfume de lo que fue un día: un escaparate donde se daban cita las ideas de los artistas vivos espiritualmente que creían que, como nosotros hoy, se puede cambiar el mundo a través del Arte.

Otros temas igualmente incómodos son la muerte, la violencia y el miedo. Apenas si hay obras dedicadas a estas cuestiones, porque se trata de erradicar cualquier signo ostentoso del sentimiento. No se hacen preguntas metafísicas, ni la ciencia ni la religión ni la filosofía aparecen tampoco en las obras. Es también un arte de la vacuidad, centrado en la forma más que en el contenido, más que en las ideas. Las obras son apariencias sin sustancia para reforzar el hedonismo individualista imperante. En cambio sí que hay un cultivo minoritario del hiperrealismo redundando en la idea del carpe diem, aunque no haya qué decir, aunque carezcamos de fundamento. Se trata de un narcisismo y egoísmo que apunta a la selección natural más feroz, asegurando la continuación de la especie, pero es la vida en forma y sin contenido, la perpetuación de la especie robótica, sin sufrimiento, amando la propia vida con su condición de placer efímero.

En lo que atañe al humor, apenas si deja asomarse. Y cuando lo hace, es de tipo crítico, irónico y espontáneo, pero suave. Sin sobresaltos. Además, no deja de respirarse un clima de indiferencia, nada parece que sea verdaderamente importante, todo es relativo, a veces incluso parece que todo vale. Hay un spleen generalizado, un hastío provocado por la sobreabundancia, la repetición, la homogeneidad, un tener miedo de no ver nada ya, por los continuados streptease, porque ninguna ideología parece entusiasmarnos y comprometernos seriamente. No aspiramos a ningún tipo de eternidad, pero tampoco la deseamos.

De igual modo, no se observa tensión entre el artista y el receptor, porque éste ya no defiende el orden y la tradición. De forma que la capacidad para sorprender, la originalidad y la creatividad son cada vez más difíciles de conseguir para los artistas, y más que observarse nuevos estilos, se integran los ya existentes. Por otra parte, se huye de la totalidad, con obras abiertas que disuelven los mundos de las antinomias, cohabitando lo renovador con lo retro, lo porno con lo discreto, el consumo con lo ecológico, lo artístico con lo cotidiano, lo planificado con lo espontáneo, lo material con lo espiritual, etc., y elogian todos los des-: el desorden, la despreocupación, el desencanto, la deconstrucción, la descentralización, la desestabilización, y por tanto también los irracionalismos, la imperfección, lo antimoral, los fragmentos y las fracturas, la abstracción, las geometrías, la multiplicidad de puntos de vista y de sentidos, la visión de la complejidad infinita, la diversificación de corrientes, la ausencia de valores universales, sin conciencia de principio ni fin, reflejando, en definitiva, un mundo siempre en construcción. Sin embargo, lo que un día fuera revolución, escándalo, provocación y vitalidad, lo que un día fuese un trueno arrebatador, ha pasado a ser laguna. El arte es acechado por los hilos de la mercadotecnia, para ser convertido en cultura de masas y consumo cultural y, por tanto, trata de ser acomodado a las leyes de producción económica, apareciendo así el canon postmoderno, la innovación elevada a norma y, por tanto, adquiriendo cierto carácter conservador y acomodaticio, como una especie de neovanguardia convencional a la carta. Es también un arte marcado por la apoteosis de lo temporal, por el placer inmediatamente obsoleto, por las gratificaciones efímeras, olvidadas velozmente y con gran facilidad, sustituyéndose unos objetos por otros y privándonos así de sus esencias. Es la indiferencia por la saturación: a más, menos. En una sociedad en la que lo inmediato es lo que prima, las obras que salen de las manos y cabezas de los artistas ven frecuentemente la luz con una baja elaboración objetual. De esta forma, bajo el epígrafe de lo «conceptual» hallamos aquellas obras fácilmente identificables como tales, pero también creaciones tras las que ni siquiera puede descubrirse el concepto.

ARCO 2013, el espejo opaco (1/3)
ARCO 2013, el espejo opaco (3/3) 

Fuente. EL CLUB EXPRESS

ARCO 2013, el espejo opaco (3/3). El Club Express


25 febrero, 2013
ArtMadrid 2013(c)Geovanny Ardila
SERIE ARCOMadrid 2013 | 05
Una visita a ARCO 2013 da para mucho, reflexiones sobre la propia feria, sobre el arte y el mundo en el que vivimos. Aquí tenéis la tercera parte de un interesante análisis realizado por nuestros colaboradores Claudia Ruiz Cívico y Antonio García Villarán.
Texto: Claudia Ruiz Cívico y Antonio García Villarán
LOS HIJOS DE LA LIBERTAD

He aquí el triunfo de la libertad. La democracia, ya lo advirtió Platón, parece ser la más bella forma de Estado. Nos permite vivir al día, gozar de nosotros mismos en un momento que creemos el mejor de los tiempos posibles. Vivimos en un presente circular, agradable, cómodo, leve. Cada uno puede llevar el género de vida que más desee, de modo que un día queremos ser músicos, otro día nos levantamos con ganas de ser abogados, cambiamos de estudios de un año para otro, etc. de modo que los más y los menos corremos el riesgo de convertirnos en practicantes de todo y profesionales de nada. ¿Qué sucede cuando hay un exceso de libertad? ¿Cuando el hombre libre no autorregula su conducta? El libertinaje, la libertad ilimitada puede crear un mundo de débiles, donde la disciplina pasea bostezando en el reino del mínimo esfuerzo, donde el caos y la anarquía sucedan al silencio de voces patriarcales.

¿Cómo afecta todo esto al arte libre? Cuando se puede hacer todo cuanto se quiere, difícilmente pueden emprenderse grandes proyectos y nuestras acciones se tornan igualitarias, homogéneas, irrelevantes, leves, sin elitismos. Cuando se carece de guías, cuando uno mismo no es capaz de auto-dominarse, cuando nadie nos coge de la mano, cuando no creemos ni en lo humano ni en lo divino, ni en reyes caza-elefantes, ni dirigentes embriagados, ni habemus Papa ni nos afecta, deambulamos perdidos a la deriva, sin orientación ni destino. Cómo no echar de menos la vida reglada y ordenada, las costumbres disciplinarias, los valores universales y el ser exigentes sin estar nunca satisfechos de nosotros mismos. Porque lo que no es todo, no es nada. La búsqueda de la totalidad mediante la pasión y el entusiasmo. El vivir para hoy, pero también pensando en el mañana, porque si bien la embriaguez es necesaria, también lo es el terminar con ella. La libertad engendra a los huérfanos de la humanidad mediante su insaciable deseo de libertad. El arte postmoderno, al ejercer su libertad, no ha dejado ningún espacio para fijar su mirada en lo elevado, en lo solemne, sino que ha mirado al suelo que pisa, para ser espejo de las fuerzas destructivas de la realidad. Ha criticado la problemática social actual desde una posición pasiva y sosegada, es decir, ha reflejado el espíritu de la sociedad contemporánea.

Pero es que ¿debe depender el dios del gusano? que diría Hölderlin. En el arte postmoderno se observa el arte por el arte, sin desarrollo paralelo del arte como instrumento para la idealización y la exaltación de la realidad, erigiendo modelos dignos de ser imitados por la sociedad, porque plantean un futuro tendente a la vida, porque abren nuevos horizontes en el pensamiento, una nueva época de Ilustración, la invención de mundos posibles más prósperos, el desvelamiento de la riqueza inagotable de la profundidad de la vida, un pensamiento positivo, alegre y fuerte. Echar de menos a Platón es querer hacerles recuperar a la Belleza y al Bien el lugar que le corresponden. Cómo no echar de menos un arte sometido a una autoridad fáustica, con normas y universales que guíen hacia la luz.

 ALTERNATIVAS

Con ánimo de contrastar la visión que la Feria ARCOMadrid nos había transmitido, fuimos en busca de otras alternativas y visitamos ArtMadrid y JustMadrid. Nuestra sorpresa fue doble; primero porque observamos con asombro cómo muchos de los artistas de ARCO se encontraban también expuestos en estas muestras con obras muy similares a las de la gran Feria y, por otra parte, porque salimos de ambas muestras con una sonrisa en los labios al ver obras que transmitían, que nos hablaban y que despertaban en nosotros curiosidad. Por tanto, ante la inmovilidad de ARCO, que comparamos con un gran río de agua congelada, gracias a la institucionalización y a la repetición de las mismas galerías y autores, se encontraban estas pequeñas ferias donde se presentaban nuevos valores y lumínicas galerías que aportaban aire fresco al panorama general. Incluso pudimos disfrutar Hilatina, una galería que se dedicaba a exponer Libros de Artista. Estas muestras, aunque más reducidas en tamaño, y en consecuencia creando otro tipo de sensaciones en la relación entre los espectadores y los espacios expositivos, nos dejan una visión de bazar donde aún podemos encontrar una joya escondida.

ARCO 2013, el espejo opaco (1/3)
ARCO 2013, el espejo opaco (2/3) 

Fuente: EL CLUB EXPRESS